
La transferencia serial de la ilusión: el ciclo de esperanza y desencanto en la política argentina
Las Rosas Digital


En una columna de opinión firmada por Jorge Fontevecchia en Perfil, se aborda el fenómeno recurrente en la política argentina denominado "la transferencia serial de la ilusión". Tomando como punto de partida el ensayo de Sigmund Freud, El porvenir de una ilusión, el texto explica que cuanto más insoportable o compleja resulta la realidad socioeconómica, mayor es la necesidad psíquica de la sociedad de creer en una figura que prometa corregirla.
Bajo la premisa de que "gobernar es irremediablemente defraudar" —ya que la gestión exige transformar promesas ilimitadas en resultados limitados sobre variables como salario, inflación y empleo—, el electorado no vota lo que el candidato realmente es, sino lo que necesita que sea. Cuando llega el desencanto, el paso del tiempo y el "sesgo de desvanecimiento afectivo" atenúan los recuerdos negativos más rápido que los positivos, renovando la necesidad de volver a creer y trasladando la esperanza hacia un nuevo líder.
Las 4 etapas de la ilusión política
El artículo sistematiza esta dinámica a través de cuatro fases o ciclos progresivos:
- Alternancia: Definida por la premisa "Este gobierno fracasó, elijamos otro". En este primer momento, el recambio electoral funciona como un mecanismo que fortalece el sistema democrático.
- Transferencia: Resumida en el pensamiento "Los anteriores fallaron, este sí podrá". La decepción con el gobierno saliente no destruye la fe en el sistema, sino que se convierte en la materia prima de la nueva ilusión.
- Radicalización: Se sintetiza en "Todos los conocidos fallaron, necesitamos alguien completamente diferente". Al acumularse las frustraciones, la demanda social se desplaza hacia propuestas o líderes más maximalistas y de ruptura, lo que tensiona las instituciones.
- Agotamiento: La fase final expresada en "Nadie puede solucionarlo, son todos iguales". La desconfianza deja de dirigirse únicamente a los gobernantes de turno y pasa a erosionar la credibilidad de la propia democracia.
Un recorrido histórico
El análisis señala que este ciclo ha sido encarnado sucesivamente por los distintos mandatarios desde la vuelta a la democracia: la ilusión democrática de Alfonsín (1983), la salida de la hiperinflación con Menem, la normalización institucional con De la Rúa, la reconstrucción tras la crisis con los Kirchner, la modernización con Macri, la moderación con Alberto Fernández y la ruptura con la "casta" con Milei.
Como conclusión, se advierte que si cada cuatro años es necesario que la gente crea que “ahora sí comienza un país diferente”, hay un problema. El verdadero éxito político de un país no reside en cuánto entusiasmo produce cada nuevo presidente, sino cuánto menos necesite la sociedad entusiasmarse con él, para encauzar su destino.



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