
Balance Hídrico Operativo: Clave para el agro
Las Rosas Digital
El agua en el agro: Un balance esencial
El artículo de María Eugenia Bontempi subraya la importancia de los cuatro elementos –aire, agua, tierra y energía solar– en el desarrollo de las plantas, destacando el ciclo del agua como fundamental para la vida en el planeta. La gestión eficiente del agua en la agricultura es un desafío constante, y comprender el balance hídrico es crucial para optimizar el rendimiento de los cultivos.
La compleja interacción entre suelo y atmósfera
El balance hídrico en el suelo se centra en cuantificar la entrada y salida de agua en las capas superficiales de la tierra para determinar el contenido de humedad. Este balance se ve influenciado por las características del suelo, las condiciones atmosféricas y las interacciones con capas más profundas. La estructura del suelo, determinada por la disposición de sus componentes, sus dimensiones y la fuerza de unión, juega un papel fundamental. La textura del suelo, basada en la proporción de arena, limo y arcilla, incide directamente en la capacidad de retención de agua y la aireación. Un suelo con una estructura óptima presenta diversidad de tamaños de partículas y poros, predominando los limos, lo que permite un equilibrio entre retención hídrica y aireación. Es importante destacar que el uso del suelo, como el pisoteo de animales o el peso de la maquinaria, puede compactarlo, facilitando el encharcamiento.
El agua ingresa al sistema principalmente por precipitación (o rocío) y se pierde por evapotranspiración, que es la combinación de evaporación desde la superficie y transpiración de las plantas. La evapotranspiración depende directamente de la disponibilidad de agua en el sistema y de la demanda atmosférica, que es mayor con altas temperaturas y vientos intensos, disminuyendo con alta humedad relativa.
Modelos hidrológicos: Herramientas para la toma de decisiones
Medir el contenido de humedad del suelo directamente en el campo es costoso y, a menudo, poco representativo debido a la variabilidad estructural de los suelos. Esta limitación ha impulsado el desarrollo de modelos matemáticos que representan el movimiento del agua y sus transformaciones de fase en el suelo. Estos modelos hidrológicos se diseñan con diversos enfoques según su finalidad:
Agricultura: Para conocer la disponibilidad de agua para un cultivo y programar labores.
Hidrología: Para estimar el intercambio de agua entre el suelo y los cursos superficiales o subterráneos.
Climatología: Para el estudio de situaciones de sequías.
Pronóstico meteorológico: Para prever cuánta agua podría incorporarse a la atmósfera desde la superficie, modificando su humedad y estabilidad.
Todos los modelos de balance hidrológico estiman el contenido de humedad en alguna capa del suelo y pueden tener diferentes escalas de resolución espacial (puntual, regional) y temporal (diaria, mensual, decenal).
BHOA: Un avance para el seguimiento hídrico
Desde el año 2016, el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) y el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) han incorporado el Balance Hidrológico Operativo para el Agro (BHOA). Este modelo, desarrollado en la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA), posee una resolución espacial a nivel regional (calculado en puntos de estaciones meteorológicas) y un paso temporal diario.
Según la ingeniera agrónoma Liliana Spescha, el BHOA es una herramienta objetiva y en tiempo real para los tomadores de decisiones del sector agrícola, generando una base de datos de agua en el suelo disponible para todos los usuarios. Constituye una alternativa valiosa ante la falta de una agroclimatología regional de agua edáfica (humedad en el suelo) para todo el país. Se trata de un modelo simplificado que estima la reserva de agua en la zona de exploración radicular, aproximadamente un metro de profundidad. Las constantes hidrológicas utilizadas en el modelo consideran la profundidad típica de exploración radicular en cada región.

La metodología del BHOA está incluida en los programas de estudio de FAUBA y se utiliza para el seguimiento permanente de las condiciones hídricas del suelo, con mapas publicados en los sitios web del SMN y el INTA. Además de su aplicación en la agricultura, el BHOA es útil en otras áreas, como la hidrología (para informes de cuencas fluviales) y para el monitoreo y pronóstico de la tendencia climática trimestral del SMN.
Los desafíos futuros incluyen mejorar la definición espacial, la calidad y cantidad de datos, y el equilibrio entre la simplificación matemática y la sofisticación del modelo. También se busca avanzar en el cálculo de índices de sequía y pronósticos estacionales de agua en el suelo.


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