
El grito en el aula: cuando la amenaza no es una broma, sino un síntoma
Las Rosas Digital

No fue una escuela.
No fueron dos.
No fue una “broma”.
Fue una señal.
Una señal de que algo se está rompiendo en nuestra forma de mirar, de cuidar, de acompañar.
Porque una amenaza en una escuela no habla sólo de quien la escribió.
Habla de una sociedad que llega tarde.
De adolescencias a la intemperie.
De dolores que no encuentran palabras sanas.
De comunidades digitales que convierten el horror en lenguaje.
De adultos ausentes.
De vínculos rotos.
De un miedo que ya no sabe cómo pedir ayuda.
La escuela debería ser refugio.
Un espacio seguro.
Un lugar de cuidado.
Y cuando el miedo entra al aula, no se rompe sólo la convivencia: se hiere una de las funciones más esenciales de una comunidad, que es proteger a sus chicos.
Esto nos interpela a todos.
A las familias.
A la escuela.
A la Justicia.
A los medios.
A quienes educan.
A quienes comunican.
A quienes todavía creen que mirar para otro lado no tiene consecuencias.
No banalices.
No reenvíes.
No conviertas la amenaza en espectáculo.
Escuchá.
Acompañá.
Hablá.
Reportá.
Actuá.
La prevención empieza antes.
Y nos compete a todos.
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No la amenaza.
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