
Chismes mundialistas: el escándalo que marcó a la selección de Bélgica
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Un histórico conflicto extrafutbolístico fracturó la relación entre Kevin De Bruyne y Thibaut Courtois, dos de los máximos referentes de la selección de Bélgica. El quiebre, originado por motivos personales que involucraron a Caroline Lijnen, expareja del mediocampista, dejó una profunda tensión en el vestuario del combinado nacional europeo durante años.


El origen de la disputa
El conflicto se desató cuando Carolina, tras descubrir una infidelidad de De Bruyne con su mejor amiga, viajó a la ciudad de Madrid. Allí interactuó con Courtois, quien en ese entonces era arquero del Atlético de Madrid. Según ella relató posteriormente Lijnen, el guardameta le brindó contención y un trato diferencial, lo que derivó en una relación íntima entre ambos. De Bruyne descubrió esta situación, lo que provocó la ruptura definitiva de la amistad que ambos futbolistas mantenían desde sus inicios en el Genk y en el Chelsea.
Intervención en el equipo nacional
El impacto de esta disputa personal escaló rápidamente y amenazó la estabilidad deportiva de la selección belga. Marc Wilmots, entonces entrenador del equipo nacional, se vio obligado a intervenir de manera directa para evitar un quiebre en el plantel. Wilmots se reunió con De Bruyne y le consultó si consideraba necesario que Courtois fuera apartado de la convocatoria. A pesar del conflicto, el mediocampista priorizó el proyecto deportivo y solicitó que el arquero continuara en el equipo, reconociendo su nivel como guardameta indispensable para el conjunto.
Por Gianina Latorreja


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