Truco vs. Play, ¿último round?

Opinión 20 de diciembre de 2012 Por
No hay que renegar de los avances tecnológicos, lo ideal es aprenderlos, comprenderlos y utilizarlos en su medida justa. Los cambios culturales qu...
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No hay que renegar de los avances tecnológicos, lo ideal es aprenderlos, comprenderlos y utilizarlos en su medida justa. Los cambios culturales que estos traen calan profundo en las nuevas generaciones, aunque muchos de ellos también han sido adquiridos por los “+30+40”. El arribo de la PlayStation permite al sexo masculino no extrañar lo que nunca fue, un habilidoso jugador de fútbol por ejemplo, ni necesitar que sus hijos deban cumplir con ese fracaso. Resulta muy atractiva la posibilidad que brindan juegos como FIFA y PES de crear más fantasías que el propio Cristiano Ronaldo, ser tan goleador como Messi, superar en vallas invictas a Buffon y transformar a un Garcé en el mejor Franco Baresi –perdón Ariel, pero como “te banco” merecés ser citado entre tantas estrellas–.

Atrás quedaron Atari Crece y el Pac-Mán de la década del 70; diez años después el Donkey Kong donde un fontanero debía rescatar a su bella novia de las garras de un gorila,  el Bomberman, el Tetris y Arkanoid donde con solo una barra y una bola se tenía que eliminar una construcción de ladrillos.

Ya en los 90 con la llegada de la consola Super Famicom muchos juegos se sumaron. La vedette fue el Street Fighter, el cual nunca me simpatizó pero igual llegué a conocer su golpe “hadouken” llevando la palanca a la izquierda para luego hacer un medio círculo, apretar el botón y que salga una bola de fuego o nieve, ¡o algo!

Sobre esos años dos grandes recuerdos tengo. Las interminables tardes en casa de Joaquín, donde la variedad de “cartuchos” permitían cambiarlos cuando nos cansábamos de uno. Graciela, su mamá, y “Pacri”, su abuela, se turnaban para preparar las chocolatadas frías antes de que llegue del trabajo Emilio, hora en que la recreación seguía en el patio. Mi memoria me lleva a la segunda anécdota: anotar 7 pesos de fichas en la sala de máquinas de “Agapito”, luego acompañar a un vendedor de cigarrillos de una empresa cañadense, cobrar mismo importe por la tarea, pagar esa deuda y generar una nueva cuenta corriente hasta el día siguiente. Fantoches de chocolate con coca cola era la compañía de esas tardes, donde en alguna oportunidad –¡Sergio, al pasar diez años y haber prescripto el delito puedo reconocerlo¡–, empujamos con Renzo la “cascada” para ganar créditos gratis.

En los encuentros de amigos tres juegos de cartas se destacan por excelencia. La mosca es el más “livianito”; el póker que únicamente se transforma en atractivo cuando existen apuestas, por lo tanto pierde su lado lúdico; y el mencionado truco.

Este, como ningún otro permite jugarlo sin extraerse del mundo que nos rodea. Entre mano y mano es común hablar de otras cosas, fútbol, mujeres, televisión, política, trabajo. El “pasar engrasado” o “ir a la pesca” y aprovecharse de ello, genera las mejores sensaciones. Recordar que “afuera está fresco” pasando la mitad de la partida es el chiste recurrente. Cantar la “falta envido y truco” cuando el rival está a punto de ganar achica a la otra pareja como pocas cosas. Los “vení”, “¿puedo ir?” y “yo te acompaño” muestran la solidaridad del equipo. “Una más arriba” y “dos más abajo” anticipa qué carta nos quedará para tercera. El “matá que lo que cuesta vale” en primera, significa pelear la última mano con un rey, caballo o sota. Son innumerables los latiguillos como estos que pueden agregarse a la lista; usted seguro estará pensando otros.

Entre los de corta edad en que el ritual del “asado” comienza a ser una novedad, la Play ha ganado por KO. Aquellos que pasan los 20, la victoria se la está llevando por puntos. Los que suman tres décadas, incluso los treinta y diez, el truco pareciera haberse quedado sin resto físico. Que no muera dependerá de nosotros, porque sería una pena que a nuestros nietos cuando nos pregunten sobre “qué es eso del truco”, en lugar de buscar en libros de historia podamos gritarle “quiero retruco”.


César Negri – [email protected] – @cesarnegri18
”Bingo” de Martín Caparros enumera del 0 al 99 buenos textos que dan cuenta de su visión del mundo y cultura, con tono irónico y original. El “32” para este caso.
 

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