Disculparse engrandece

Opinión 22 de noviembre de 2012 Por
Arranquemos con el pedido de perdón en general. Es normal que las personas nos equivoquemos; los impulsivos caen a menudo en el “error”, los refle...
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Arranquemos con el pedido de perdón en general. Es normal que las personas nos equivoquemos; los impulsivos caen a menudo en el “error”, los reflexivos quizás menos. Muchos por orgullo, vergüenza o soberbia prefieren mantenerse en ellos aumentando las ofensas, los insultos y las mentiras. Para limpiar esas “penas” no solo hay que saber disculparse, primero debe reconocerse la mala acción, aceptarla y comentarla.

Volviendo al hecho en cuestión y vinculándolo a la política, es innumerable la cantidad de veces que los que participan en ella cometen un error, y para no mostrar debilidad ante la sociedad incurren en el mismo hasta niveles peligrosos. El político debe transmitir seguridad a los vecinos; desde allí se construye poder y con él será más factible llevar a la realidad cada una de las medidas y proyectos que se prometen. 

Actitudes como la mencionada en el encabezado de esta columna no son frecuentes, tal queda demostrado en el día a día. Por ello es que debe valorarse y elogiarse la actitud del contador de extracción peronista. Así y todo deberá ser aprendizaje, para que las “disculpas” sean menos en el futuro; claro está, no solo él, sino también todas las autoridades rosenses. Podríamos pedir provinciales y nacionales, pero estaríamos “cortando ancho” y con resultado casi seguro negativo que nos haría desilusionar.

Hace dos semanas el concejal Ernesto Mansilla había acercado al cuerpo la inquietud de una familia de la ciudad, que al no tener respuestas en otros ámbitos lo creyó como última “salvación”. Un hijo de ella permanece internado por problemas de adicciones en el Instituto “Fazenda de la Esperanza” en la localidad cordobesa de Deán Funes. Al no poder costear dicho tratamiento, solicitaba se gestione una asistencia económica para que el joven pueda finalizarlo. Aquella vez el cuerpo en su conjunto no acompañó la iniciativa.

Reiterado el pedido, en la segunda oportunidad se recibió la visita de la madre quien explicó el sistema adoptado por esta ONG nacida en Brasil y con lazos a la Iglesia Católica. Los pacientes ingresan al instituto por voluntad propia, debiendo escribir una carta manuscrita donde expresan su voluntad y objetivo; ella es analizada por profesionales para determinar la firmeza de la intención. Una vez dentro permanecen aislados de sus familias los primeros meses hasta completar el año, cuando deben elegir entre continuar trabajando en la “comunidad” o regresar a su ciudad.

El costo del tratamiento es de 1500 pesos mensuales, por lo que la familia recibe canastas de productos allí cultivados y fabricados (escabeches, dulces, rosarios, entre otros) que deben vender para abonar a la entidad. Tal explicó la madre, el precio de las mercaderías dificulta su comercialización total, no pudiendo afrontar los pagos.

La simple resolución finalmente aprobada por unanimidad permitirá al concejal Mansilla canalizar el problema ante el senador Alberto Crossetti y los ministerios de Salud nacional y provincial. Previo a la votación fue cuando Paoli se diferenció de sus pares: “Quiero disculparme por haber votado en contra la otra vez porque no tuve la posibilidad conocer la realidad que vivían. Por desconocimiento acerca de los productos que debían vender y el esfuerzo que hacían, reitero mis disculpas. Ahora al conocer más en profundidad, acompaño con mi voto”.

Para muchos parecerá una tontería; para quienes pensamos que el reconocer una falla nos habilita a mejorar como personas, no lo es. No importa que tan lejos en el tiempo fue el error, el exabrupto, la falta; casi siempre hay tiempo para recomponerlo. Bienvenidos los que como Claudio Paoli lo hacen. Los que no, la vida se lo recordará a cada instante y el tiempo será quien ponga las cosas en su debido lugar.

César Negri – [email protected] – @cesarnegri18

Interesante visitar el sitio www.fazenda.org.ar, que en Las Rosas tiene como voluntarios, entre otros, a la familia Bonifaccio.

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