Domingo 30: la cabalgata a Huanqueros en su cuarto día

Provinciales 01 de octubre de 2018 Por
Los jinetes salieron de Villa San José en la madrugada, para arribar a Ataliva pasado el mediodía.
cabalgata 4to Ataliva

Exactamente a las 4 de la mañana, los gauchos se levantaron. Comenzaron a acomodar el gran desorden que tenían, y Fermín tuvo que levantarse antes de tiempo para poder desarmar las carpas. Maxi salió a buscar los caballos y Armando lo siguió por detrás para abrir las tranqueras y pasar los caballos de la alfalfa al corral. El desayuno se hizo en cuotas, Armando se olvidó en María Juana la única taza que compartía con Fermín, asique tuvo que esperar su turno. 

Ensillaron pero la tormenta amenazaba y generaba una gran incertidumbre entre salir o no, hasta que viendo que todo estaba listo, hicieron coraje y salieron a enfrentar la tormenta que venía de frente, justo por el camino que ellos debían tomar para ir al próximo destino, Ataliva. 

Por delante salieron Armando y Fermín y últimos Maxi y Pablo que se quedaron a cerrar las tranqueras del campo. Fermín comenzó a decir que la lluvia había llegado, Pablo le respondía que no, pero al mirar su carguero y ver las huellas que el agua dejaba en forma de gotas, se dio cuenta de que el niño tenía razón… Transitando varios kilómetros, la tierra estaba cada vez más húmeda y el barro avanzaba dando cuentas de que en Rafaela había llovido, en ese momento llamó Marcelino Fernández (el amigo de Armando), para preguntar cómo estaban porque en Rafaela habían caído piedras en seco, seguidas de un buen chaparrón, a lo que ellos contestaron que por bendición no les había tocado transitar bajo la lluvia, pero sí por sobre su rastro, ya que en la parte dónde se está construyendo la autovía sobre Ruta 34, el barro de tierra colorada hacía patinar a los caballos y tuvieron que transitarlo a un paso muy lento. 

cabalgata 4to ferminContinuando, al pasar por un arroyo Fermín preguntó si había pescados, Pablo le contestó que no se decía pescado, sino pez cuando estaba en el agua y que cuando ya había sido capturado y sacado del agua, sí se decía pescado… El niño lo miró y le dijo – “Pero vos sos loco?” – Entoces junto a Maxi le empezaron a explicar la diferencia entre Pez y Pescado, pero el nene no les creía… Le preguntaban que encontraba en el mar, en un arroyo o un Río, y por momentos seguía contestando “pescado”, hasta que poco a poco logró entender la diferencia. 

Mientras tanto iban leyendo en el viaje la redacción del tercer día de cabalgata… Luego de pedirme hacer unas correcciones se las volví a enviar y Pablo empezó a leer nuevamente, Fermín al escuchar por segunda vez lo del silo bolsa, lo miró con cara de enojado y ganas de llorar diciendo “¿otra vez estás repitiendo lo mismo?” Prohibido volver a tocar el tema del silo bolsa porque se enojaba.

Unos kilómetros más adelante la macana del día anterior fue remendada. En un momento a Pablo se le aflojó el recado y al bajar a ajustar la cincha su yegua “pereré”, la misma que el primer día le revoleó la ropa por la cuneta, se escapo y corrió hacia adelante, por suerte allí estaban para atajarla Maxi y Fermín, el pequeño fue quien la agarró. Maxi festejando le dijo que con eso había salvado la “cagada” que se mandó la noche anterior y cuenta saldada. 

Llegando a Nueva Lehman, a galope corto simulaban que era una carrera de autos y maniobraban los caballos para no dejarlo pasar a Fermín, pero cuando lo lograba se iba hasta el próximo cruce de caminos. Los muchachos hacían como que había que doblar y el pequeño doblaba para seguir primero, pero al llegar, en realidad había que seguir derecho, entonces volvía a quedar atrás, y así el juego comenzaba otra vez, entreteniéndose (grandes y chicos) por varios kilómetros. De esa manera, el camino más largo y monótono que tenía la cabalgata se hizo corto y entretenido, fue así como a las 13:30Hs estaban en Ataliva en un tiempo record. 

Un cuñado de Armando les consiguió el lugar dónde parar a 1km de la intersección de rutas 34 y 13. Sobre esa ruta el cuñado quería que lo esperen, porque la hermana de Armando lo quería ver a Fermín a caballo y a ellos cabalgando, pero ante la impaciencia de los caballos y el cansancio siguieron hasta el campo, al llegar les informaron que gente del lugar que se enteró a través de las redes de la cabalgata y que ese día llegarían a Ataliva, hacía de las 10 de la mañana que los estaban esperando más adelante para recibirlos y saludarlos. Fue una alegría saber que los recibían de esa manera, pero a la vez un desencuentro por haber parado antes.

El otro hermano de Armando, Hernán, junto a sus familiares sumaron en total dos autos llenos de gente que llegaron al campo, al arribar en moto la hermana de Armando junto al cuñado y su otro hermano también en moto, propusieron hacer un asado. Mientras Pablo ponía algunos relajantes musculares a los animales, el encargado del lugar, Miguel Benítez, se puso a bañar los caballos y el cuñado de Armando a cocinar… También los gauchos pasaron por el baño, ya que el día anterior sólo había sido polaco (bola, culo y sobaco) aprovechando a su vez, para lavar las camisas.

Los familiares llevaron empanadas y ya comenzaron con la entrada para seguir con el asado al terminar de atender los animales. 

En eso llegó Marcelino Fernández con su mujer y su madre Elsa que está próxima a cumplir sus jóvenes 80 años y Armando hacía muchos años que no la veía. También otro amigo de la infancia llegó a saludarlos, el Sr. Marcelo Linares junto a dos hijos y un nieto, este señor había ido a la Escuela con Armando.

Al terminar de almorzar las mujeres habían preparado tortas dulces y tortas fritas… Con la música de fondo que ponía Marcelino, el fernet, la cervecita y un poco de vino también, fue pasando con mucha alegría la tarde. Armando contaba historias y anécdotas de la infancia con sus amigos y la madre de Marcelino.
Maxi se fue a acostar y Fermín lo siguió, pero ante tanto calor, el pequeño abandonó la siesta y se fue a jugar… A pesar de transpirar mucho, Maxi se resistió e intentó dormir un rato. 

Marcelino mató un cordero para la cena. Los caballos estaban en un corral de alfalfa volteada, así es que el Sr. Miguel Benítez los pasó al potrero de alfalfa bien verde, para largar allí las vaquillonas. Pablo se fue a recorrer y terminar de pasar los caballos, porque en la manga dónde los largaron había unas piletas con maíz y ahí se quedaron todos, así es que de esa manera los terminó de arriar hasta el oro verde. Miguel Benítez le regalo a Maxi un cuero de oveja para que los acompañe en el viaje y al regresar Pablo le obsequió uno a él también.
Los muchachos se pusieron a acomodar el galponcito para no renegar tanto al día siguiente y así fue llegando la noche.

El cordero que Marcelino había carneado ardía sobre el fuego en la parrilla y cuando estuvo a punto se sentaron a comer. Un agradecimiento enorme a Miguel y Marilin Benítez por abrirles las puertas de su casa y brindarles todas las comodidades para estar bien y pasar un hermoso día.

Llegó la hora de dormir y Fermín comenzó a llorar, su padre desesperado trataba de calmarlo, pero él decía que le picaba el pié, la espalda… Resulta que a la tarde lo picó un bicho y Pablo le puso “caladril” pero como seguía quejándose, Maxi para calmarlo le puso “OFF!” en los pies y así se durmió hasta el otro día y el resto de los paisanos lo siguieron…

Fuente:  Cabalgata de Las Rosas a Huanqueros / Edición: Las Rosas Digital


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cabalgata 3er

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