Humor en los pueblos

Opinión 19 de abril de 2013 Por
Mi vida parecería tener relación casi directa con el arte. Claro está, no porque sea yo quien lo genere, sino por estar rodeado de vecinos que de d...

Mi vida parecería tener relación casi directa con el arte. Claro está, no porque sea yo quien lo genere, sino por estar rodeado de vecinos que de diferentes maneras manifiestan sus capacidades. Es el caso de los hermanos Ramos; a dos excelsos guitarristas y un aguerrido tenista, días atrás por casualidad conocí al actor. Gracias a Internet y YouTube vi la creación de Lisandro, que me despertó un interrogante: ¿se puede hacer humor en los pueblos?

En cada ronda de amigos, en los asados, la escuela, el trabajo, siempre hay alguien que se destaca por arrancar carcajadas, sea por contar chistes o ficciones "teatralizadas". Muchos contagian su risa. Note esta diferencia: quienes hacen reír por trabajo, no se ríen de sus chistes; quienes disfrutan de sus chistes, se ríen con usted.

Un sinnúmero de personas que tienen como profesión el humor han sufrido a su pueblo. Más allá de que se necesita un grado importante de histrionismo, no todos los que reparten sonrisas tienen vidas acordes a ellas. No vencer cargadas y comentarios ofensivos lleva a que ellos deban iniciar sus carreras en otras ciudades, ante otro público. Quizás sea este el camino que está siguiendo Lisandro Ramos Calandri, según se desprende en sus primeros reportajes: "Imelda es un puente que me permite exteriorizar todo aquello que de otro modo sería un poco imposible; desde este personaje uno se siente seguro".

El paladar duro de los espectadores locales con sus artistas se contrapone con la risa fácil ante cualquier personaje mediático que deambula por la TV nacional. Es ese otro motivo por el que vemos festivales, peñas y eventos del interior del país, contratando humoristas con iguales o menos pergaminos que los "nuestros".

Las casas culturales de los municipios deberían generar espacios para otras expresiones artísticas además de enseñar danzas y canto. Y si ellas no lo tienen como prioridad, otras instituciones intermedias podrían hacerlo. El teatro, por excelencia, le da a quienes lo practican cualidades que a veces la vida no llega a enseñar: exteriorizar ideas, ponerse en la piel de otros y entender sus formas, entre muchas más.

Recuerdo una anécdota para explicar qué actitud deberíamos tener como público. Entre mis siestas y las primeras notas que Mauro y Ricardo Ramos aprendían día a día -–incluyendo la repetición infinita de solo una–, solo había de por medio una pared. Que hayan interrumpido mis descansos tuvo como premio la consagración de dos guitarristas que brillaron, por ejemplo, en el Festival Nacional de Cosquín.

La paciencia, la incentivación y la valoración son tres actitudes que ayudarán a que hijos, sobrinos, amigos se vuelquen a profesiones vinculadas con la creación artística, y no solo a estudios estrictamente técnicos. Muchos ingenieros, doctores, contadores, seguro tendrían más satisfacciones "expresándose" en un escenario que detrás de un escritorio.

Sobre aquella pregunta del primer párrafo intentaré sintetizar. "Imelda It's Ok" no solo es un personaje que reflexiona los anhelos y desventuras de una mujer, detrás de ella su autor repite una frase de Jean Paul Sartre: "Cada hombre es lo que hace con lo que hicieron de él".

Desprenderse de prejuicios sociales, revelarse de mandatos familiares, ya sea para meterse en la piel de un cómico o disfrutarlo desde la platea, animará a muchos jóvenes para que Las Rosas no sea solo una ciudad de trabajo. Distracción, pasatiempo, momentos para pensar y la risa son necesarios para hacernos más felices.

César Negri – [email protected] – @cesarnegri18

Imelda tiene su Web: http://imeldaunipersonal.wix.com/teatro

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