Federer en vivo

Opinión 17 de diciembre de 2012 Por
Uno faltó a su trabajo; el otro acomodó horarios para retirarse antes. El viaje los depositaría en la platea media B, asientos 53 y 55. Ante este ...
federer-delpo.jpg
federer-delpo.jpg

Uno faltó a su trabajo; el otro acomodó horarios para retirarse antes. El viaje los depositaría en la platea media B, asientos 53 y 55. Ante este evento de magnitud, la tranquilidad solo llegaría cuando ocuparan sus plateas. Antes, una mezcla de nerviosismo e impaciencia para ver a la excelencia en persona, dentro y fuera de los courts.

La autopista Rosario-Buenos Aires los llevó hasta la ciudad anfitriona. “Ahora entiendo por qué Massa ganó tan fácil la elección”, fue un comentario elogioso a la belleza de sus calles. A los pocos minutos y después de un par de “recalculando” dispuesto por el GPS,  divisaron el “Pipa Tigre”: “guaaauuuu” exclamaron a dúo.

Estacionar el vehículo no fue como pensaron, la suerte acompañó y a escasos metros del estadio descansó en el Mercado de Frutos. Misma fortuna al momento del ingreso al predio, cuando fueron últimos en la fila se habilitaba la puerta. A pocos pasos de los controles de entrada, con lector de barras para eliminar posibilidad de cartones falsos, una pesada mano arrancó la botella de agua que llevaban: “prohibido entrar con bebida y comida al predio”, se escuchó desde una voz potente.

Ya adentro desfundaron la cámara, no serían originales pero igual pidieron a una mujer que haga de fotógrafa y estamparon allí el primer recuerdo digital: ellos dos con el imponente estadio detrás. En el gran playón había juegos recreativos y varios stand promocionales de las firmas auspiciantes. No se detuvieron en ninguno, querían llegar a sus butacas, recién ahí respirarían aliviados. En menos de tres minutos y tras preguntar a dos asistentes, lo lograron.

Desde las tribunas aún semi desiertas salían las primeras ovaciones de la tarde: Guillermo Vilas y José Luis Clerc se disponían a su exhibición. El revés del mejor tenista argentino de la historia, y el saque y algunas intervenciones de showman de Batata, se destacaron en el único set que disputaron.

Faltaba menos para el gran momento, tiempo suficiente para que Pedro y Paulo coincidieran en que el sonido era deficiente. El número de tango con Valeria Archimó sumó puntos al evento, no así el Himno Nacional entonado por Cacho Castaña; semejante acontecimiento merecía una mejor voz e interpretación, “o si no alguien que transmita más sentimiento” pensó uno de ellos.

La animación de Jorge Rial no estuvo a la altura de quien según para Pedro es “de los mejores entrevistadores de Argentina”. Los videos en pequeñas, muy pequeñas pantallas solo recibían aplausos al distinguirse las caras de Luciana Aymar, Diego Maradona, Gabriela Sabatini y Emanuel Ginóbili, el más reconocido por las 20 mil personas que ya esperaban el partido.

No hizo falta demasiada presentación; primero entró Del Potro y se acomodó en su silla. Luego Roger y un aluvión de gritos se oyeron. Desde el primer punto los protagonistas dejaron claro que poco lugar habría para “jueguitos”; se enfrentarían a ritmo habitual de competencias oficiales y así lo agradecieron todos.

El match tuvo algo raro, pocas veces repetible y que permitió disfrutarlo aún más. No había rival, no había enemigo, todos eran hinchas de los dos, los puntos se festejaban por igual, sean del argentino o del suizo. La mayor ovación para el tandilense fue un passing de derecha a la carrera; la que más se celebró del siete veces ganador en Winbledom fue una acción con doble “Gran Willy” que hizo poner de pie por enésima vez al estadio.

El primer set se fue rápido. El segundo fue algo más emotivo. En ambos, varias veces se bajaron carcajadas de los presentes por gritos en momentos de silencios. “Pegale como te enseñe”, “Haceme un hijo”, “Nacionalizate argentino”, recibió Roger. “Tranquilo Delpo, que no ganó nada”, “Tirale con top que no llega nunca”, “Jugá la Davis”, fueron para Juan Martín. La máxima y después de un brillante punto jugado por ambos: “Marín, devolvé la plata”, en alusión al empresario organizador.

La exhibición había terminado. No hizo falta que Pedro y Paulo se dijeran algo, ambos sabían que permanecerían en sus asientos hasta que la casaca azul de Federer se viera en el court. Después de eso sí pudieron partir, envueltos en placer, sabiendo que en un par de años tendrán historia para contar a sus sobrinos, amigos e hijos. Roger Federer visitó Argentina, y ellos estuvieron ahí.

César Negri – [email protected] – @cesarnegri18
El mejor punto del partido es buena recomendación para este texto: http://canchallena.lanacion.com.ar/1536922-el-punto-para-el-recuerdo-de-delpo-federer

Boletín de noticias