Buenos y malos en los pueblos (Por César Negri)

Opinión 03 de abril de 2013 Por
Sería difícil ponerle número a la cantidad de buenos y malos en las grandes poblaciones, sin embargo hay algo que se percibe en el día a día: lo...
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Sería difícil ponerle número a la cantidad de buenos y malos en las grandes poblaciones, sin embargo hay algo que se percibe en el día a día: los comportamientos. Y ahí, sí que hay largos ítems donde se saca lo peor de cada uno.

Algunos podrían excusarse de no cumplir ciertas normas de respeto, por ejemplo aquellas vinculadas al trato hacia mujeres y adultos mayores, porque haría demorar enormemente cada acción de sus vidas. Citamos entre muchas, ceder el lugar en una cola de banco y ayudar a cruzar una calle a un prójimo con dificultad para hacerlo. Para lo que no existe justificación, y solo hay respuestas del estilo "nadie lo hace", son para otras como dar paso a un vehículo o peatón y saludar cuando se llega a un lugar.

Sin ingresar a un análisis de los medios de comunicación, debo decir que la televisión ayuda a que los malos tengan su lugar en el "prime time" y los buenos solo sean conocidos por sus familiares. Por lo general en nuestras poblaciones –como ya se escribió en esta columna–, las noticias están vinculadas a reproducir accidentes y festejar a jóvenes que triunfan deportiva o culturalmente.

Esas últimas dos referencias dejan en claro a quién "premia" la TV y radio con espacios costosos; allá a los desobedientes de la ley, acá a los que con sus méritos trascienden de alguna manera.

Esto no quiere decir que en los pueblos no habite gente mala y de repudiables conductas. Si un conductor atropella y escapa, la condena social la llevará el resto de sus días. Similar repudio para alguien que por más "honores" y títulos que tenga, decide amenazar con un arma de fuego a un generoso dueño de emisora FM o lanza tiros al aire para finalizar un litigio de vecindad.

Nosotros estamos obligados a cuidar a las amistades, para ello debemos medir actos y palabras; se corre el riesgo si no que uno termine encerrándose en su casa o la única salida factible sea un shopping o restaurante de Rosario. En las ciudades se puede insultar creyéndose sincero por escupir ciertas verdades –siempre desde la óptica del que habla más fuerte–, que si el otro se enoja, hay miles para reemplazarlos. A esto agrego, los de patética reputación pocas amistades tienen y ellas generalmente se encuentran a miles de kilómetros, "allá, donde nadie sabe quiénes son".

Muchos se desilusionan con la repetida frase de que "mueren los buenos". Tarde o temprano la veracidad de dicha expresión queda nula, aunque existen casos donde los que se portan mal son premiados. A pesar de ello, considero que la condena más dura no es fallecer como algunos pretenderían en un pensamiento fundamentalista, lo peor es vivir y ver que sus miserias son contrastadas por un sinnúmero de elogiosos actos que los diferencian entre "respetados" e "ignorados".

Los pueblos tienen a su vez, mecanismos de autodefensa. Cuando una institución es contaminada por algunos, enseguida saltan otros que se organizan para salvarla. Si se acerca alguien no deseado a las mesas de un bar, el café y la conversación se termina. Lo mismo cuando hay que armar un partido de fútbol, ciertas veces es preferible jugar con un "expulsado" desde el minuto cero, que convocar a gente no querida.

La nota mencionada al comienzo consideraba inventos de los maléficos para aislarse a la TV 3D, el plasma, el Sound Home y los programas de chimentos. Deberíamos hacer historia en Las Rosas sobre si las piletas hogareñas algo tienen que ver con lo hablado, pero creo que ellas son producto de timidez, mentes y cuerpos solitarios, necesidad de silencios o intolerancia social. Será tema para otro día, ahora debo ir a desarmar la Pelopincho y ustedes sabrán disculparme.

César Negri – [email protected] – @cesarnegri18

Comparto el cuento infantil "Los buenos vecinos" con la historia de un brujo y un mago: http://www.youtube.com/watch?v=tXkSKZ8Y7M0

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