93º Día Internacional de las Cooperativas

Otras 02/07/2015 Por
El próximo sábado 4 de julio es el Día Internacional de las Cooperativas. Con motivo del nonagésimo tercer aniversario de esta tradicional efemérid...


El próximo sábado 4 de julio es el Día Internacional de las Cooperativas. Con motivo del nonagésimo tercer aniversario de esta tradicional efeméride del cooperativismo mundial, el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos emitió una declaración lleva por tí­tulo: "Por un Mundo de Paz y Justicia Social". También hizo lo propio la Alianza Cooperativa Internacional.

 

Ambos documentos se transcriben a continuación:

 

93º Día Internacional de las Cooperativas
POR UN MUNDO DE PAZ Y JUSTICIA SOCIAL
Las empresas cooperativas ayudan a construir un mundo mejor. Más aún si articulan su multifacética labor con Estados activos y presentes, en función de impulsar políticas públicas orientadas a promover la democratización de la economía y la justicia social, manteniendo la indispensable autonomía e independencia.
El mundo contemporáneo exhibe un panorama de alta complejidad, con paradojas insostenibles en el tiempo si se mantiene la brecha entre la riqueza concentrada y la miseria que persiste en un porcentaje inmenso y creciente de la humanidad.
No hay paz sin justicia y menos aún si persisten los paradigmas neoliberales que so­meten a pueblos enteros a un ajuste sistemático amenazando sus conquistas sociales.
En la década del 90, como continuidad del período nefasto instaurado por la dicta­dura cívico militar en nuestro país, así como en la región de América Latina por la gravi­tación del capital financiero internacional y el sometimiento a una deuda externa im­pagable, surgió el interrogante acerca de cuánta desigualdad soporta la democracia.
Esta deshumanización de la economía y la voracidad de las corporaciones transna­cionales promueven guerras, destrucción y muerte.
El siglo XX fue escenario de promesas y frustraciones, de innegables avances y trági­cos acontecimientos como los ocurridos en las dos guerras mundiales o en los genoci­dios perpetrados en América Latina por dictaduras cívico-militares. Éstos y otros he­chos segaron la vida de decenas de millones de seres humanos. Con la llegada de la nueva centuria renació la esperanza de una paz duradera, pero los conflictos armados generados en el afán de la dominación territorial y de los recursos energéticos escasos hizo desvanecer rápidamente ese anhelo. Como consecuencia de estas acciones impe­riales se han multiplicado los fundamentalismos extremos, sembrando el terror indis­criminadamente.
La pregunta obligada, en consecuencia, es de qué modo se puede modificar este pa­norama dramático y construir ese otro mundo necesario, donde se preserve lo más preciado que es la vida humana y el hábitat común que es el planeta Tierra.
El cooperativismo, con sus valores y principios éticos y morales, cuya esencia trans­formadora demuestra cotidianamente la posibilidad real y concreta de dar respuestas satisfactorias a las múltiples necesidades de la comunidad, constituye un gigantesco movimiento llamado a incidir en los cambios imprescindibles e impostergables.
Para ello, como nunca desde la maravillosa utopía materializada por los Pioneros de Rochdale, los cooperadores de todos los continentes debemos intensificar la batalla cultural, predicando el ideario de la cooperación y demostrando en la práctica, con democracia y eficiencia, que otra economía es posible.
Más aún, estamos convocados a desplegar una intensa y perseverante militancia, procurando ocupar los espacios propios de la creación y distribución de la riqueza pro­ducida por el trabajo asociado y, al mismo tiempo, ingresar a los ámbitos instituciona­les mediante una práctica política portadora del mandato de nuestras bases societa­rias, en defensa de los más diversos intereses colectivos.
A esta altura de la civilización en plena crisis, no alcanza con exhibir logros sino que debemos actuar allí donde se toman las decisiones, en los parlamentos y las instancias ejecutivas, nutriéndolos con genuinos representantes del quehacer solidario y portado­res de las ideas transformadoras.
El movimiento cooperativo tiene la inmensa responsabilidad de incidir con fuerza creciente, junto con las más amplias y diversas expresiones de las organizaciones so­ciales, imbuidas de la fe en las reservas morales del género humano y comprometidas con los ideales del amor al prójimo, la convivencia pacífica y respetuosa entre los pue­blos, la democracia participativa y la distribución de la riqueza con equidad.

Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos Coop. Ltda.
Consejo de Administración
Buenos Aires, 30 de junio de 2015.


 

 

Declaración
93º Día Internacional del Cooperativismo de la Alianza Cooperativa Internacional
21º Día Internacional del Cooperativismo de las Naciones Unidas
4 de julio de 2015
Elija cooperativo, elija equidad
La igualdad es un valor fundamental que garantiza que todo el mundo pueda cosechar los beneficios del desarrollo económico y social. Seguimos viviendo en un mundo en el que reina la desigualdad: según datos recientes el 0,7% de la población mundial posee el 44% de toda la riqueza, mientras que el 70% sólo posee el 3%. En todo el mundo sigue habiendo personas que son objeto de discriminación por razón de sexo, edad, religión o condiciones socioeconómicas, entre otros factores.
Desde el principio, la equidad ha sido uno de los ejes del movimiento cooperativo. Gracias a la creación de las cooperativas, personas de todo el mundo han podido escoger un modelo democrático de negocio que fomenta la igualdad.
Ya en 1846 Eliza Brierley se convirtió en la primera mujer miembro de la The Rochdale Equitable Pioneers Society (Sociedad Equitativa de los Pioneros de Rochdale) en un momento en que las mujeres no solían tener propiedades. Sin embargo, el estatuto de la sociedad de 1844 afirmaba que no había ninguna diferencia entre hombres y mujeres miembros, estableciendo las normas que fueron posteriormente adoptadas por las cooperativas de todo el mundo.
Hoy en día se cuentan más de 2,6 millones de cooperativas con más de mil millones de miembros, tres veces más con respecto a los accionistas directos de las empresas propiedad de los inversores. Además, 250 millones de personas son empleadas o se sustentan a través de estas cooperativas. Las 300 cooperativas más grandes han generado ingresos anuales de 2,2 billones de dólares (lo equivalente al PIB de la séptima economía más grande del mundo) y el movimiento está creciendo rápidamente, sobre todo en países emergentes como Brasil, India y China.
En una cooperativa la palabra igualdad tiene tres significados:
1. Ser miembro es algo libre y voluntario (sin discriminación de ningún tipo) y a cada miembro le corresponde un voto, garantizando así que la estructura y el control de la cooperativa sean equitativos. A diferencia de las empresas propiedad de los inversores, en una cooperativa la igualdad es un beneficio para sus miembros y no depende de la capacidad financiera de una persona.
2. Una cooperativa trabaja para atender a las necesidades y aspiraciones de sus miembros y para promover el desarrollo sostenible de toda la sociedad. El papel de las cooperativas en la lucha para sacar a la gente de la pobreza es innegable. De hecho, las cooperativas distribuyen la riqueza que ellas mismas generan de forma más justa y equitativa.
Sólo para poner un ejemplo, un proyecto cooperativo en Senegal ha mejorado la seguridad alimentaria para un millón de personas en 60 comunidades rurales, mejorando los ingresos familiares un 250% y reduciendo un 35% los casos de niños y niñas con peso inferior al normal.
3. Mientras desempeñan sus actividades, las cooperativas ofrecen a todo el mundo (productores, trabajadores, consumidores) la oportunidad de atender a sus necesidades y aspiraciones, integrarse mejor en la sociedad y tener acceso a bienes, servicios y beneficios que de otra forma no podrían tener. Además, esta cultura de la igualdad permite a las cooperativas reflejar la diversidad de la gente a la que sirve.
Promoviendo la igualdad de género; dando oportunidades a los jóvenes; integrando a las minorías en el mercado laboral; favoreciendo la transición de la economía informal a la economía formal; reduciendo las diferencias salariales; dando más poder económico a los pobres; fomentando la igualdad de acceso a recursos fundamentales como agua, energía, educación, servicios financieros entre muchos otros, las empresas cooperativas pueden demonstrar a diario que se pueden tomar decisiones para volcar el paradigma actual e integrar la igualdad en el proceso de desarrollo económico y social.
En todos los sectores de la economía hay historias de éxito en el campo de la igualdad: cooperativas de crédito que comparten sus beneficios financieros directamente con sus miembros gracias a una mayor rentabilidad del ahorro; créditos a tipos más bajos de interés y precios más bajos; cooperativas de salud que proporcionan modelos sanitarios más asequibles y accesibles para las poblaciones más marginadas; cooperativas eléctricas que atienden a zonas rurales garantizando un acceso básico a la energía en sitios donde otras empresas no contemplarían la prestación de servicios y el desarrollo de una actividad empresarial; cooperativas minoristas de consumo que permiten el acceso a alimentos asequibles, de alta calidad y sostenibles como productos orgánicos o de Comercio Justo; cooperativas y mutuas que ayudan a poblaciones desfavorecidas para que se puedan proteger de riesgos básicos desarrollando sus actividades de forma más segura.
En un contexto en el que los desafíos globales como el cambio climático y la seguridad alimentaria agravarán la desigualdad porque afectarán cada vez más a los que ya se encuentran en situaciones terribles, el mundo precisa más igualdad y no menos. Diversificando la economía global a través de la promoción y el desarrollo de las cooperativas, las personas, los gobiernos y la sociedad pueden contribuir a realizar este cambio.
En calidad de empresas fundadas en el principio de igualdad, pedimos a los gobiernos que promuevan acción nacional e innovación para corregir las desigualdades; pedimos a las Naciones Unidas y a la comunidad internacional que consideren la igualdad como el eje de su trabajo actual para preparar una Agenda de Desarrollo post 2015 que pueda incluir un acuerdo para afrontar los desafíos y los riesgos del cambio climático, que contemple el papel y la aportación de las empresas cooperativas.
La Alianza Cooperativa Internacional apela al movimiento cooperativo para que pueda aprovechar esta oportunidad para presentar y promover las diferentes formas en las que las empresas cooperativas fomentan la igualdad.

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