La selfie y la inquisición: Que el miedo sea de los intolerantes

Opinión 09/02/2017 Por
(por Cristina Pérez) - Fuera de internet, donde todos sabemos quien es quien, las personas aún deben responder por las consecuencias de sus actos. En la red, el anonimato ofrece licencia perfecta para suspender los códigos de convivencia.
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(OPINIÓN, por Cristina Pérez) - La sociedad selfie en la que nadie deja de mirarse a sí mismo es paradójicamente la sociedad de la inquisición autoinflingida. Los mismos que no pueden dejar su narcisismo de celular se han convertido en fisgones y policías del resto del mundo. Descargan sus arpones de resentimiento como si eso fuera a cambiar lo que no lograron con su vida. Como si ser Torquemadas digitales les aliviara la frustración. Deben hacerlo sin pausa para que no pase la anestesia del falso alivio. Para no darse cuenta de que quizás esa tarea parasitaria es todo lo que hacen, lo que ocupa su tiempo, lo que los consume. Lo que son. Bullying al gordo y al flaco, a la soltera y al homosexual, al negro y al millonario, al viejo y al especial. Bullying a todos, en realidad, porque el secreto es que no puedan soportarlo. Que pague con agonía el que sea diferente. Que se revuelque por su osadía el que no acepte el uniforme. Que el librepensador piense diez veces antes de hablar, por terror a las represalias.

Lapidación pública, vergüenza y ridiculización. Este es el nuevo látigo colectivo blandido por hordas de anónimos usuarios carnívoros, muchas veces pagos que, escudados en la impunidad, perpetran feroces ciberataques en las redes sociales. Pero no sólo son los trolls sistémicos los verdugos de la intimidación. También lo son -aunque sea pasivamente- quienes aceptan las reglas de esa intimidación en vez de creer lo suficiente en sus derechos de expresarse. Quienes se callan la boca, o dicen sólo lo que se espera de ellos como chantaje moral para ser aceptados. Como si eso en realidad no fuera ser sometidos, vencidos, quebrados. Todos pueden tener su selfie con Photoshop, señores, pero no osen pensar por sí mismos o contradecir la Fuenteovejuna de la moral culposa porque ahí toda la fuerza de los dueños de la verdad caerá sobre ustedes.

En la convivencia diaria, fuera de internet, donde todos sabemos quien es quien, las personas aún deben responder por las consecuencias de sus actos. En la red, el anonimato o la manada ofrecen la licencia perfecta para suspender los códigos de convivencia o la conciencia social. Para convertir la ira en venganza y el miedo en el mejor motor. Porque en definitiva el poder del hostigamiento no radica en argumentos, sino en el terror que provoca la mínima posibilidad de no se aceptados, de ser señalados, de no ser comprendidos, de no ser amados. El poder del hostigamiento radica en tu miedo. ¿No será hora de dejar de ser proveedores de miedo? ¿No será hora de cortar ese insumo gratuito? Los odiadores como los psicópatas sólo sueltan el cuello de su presa cuando ven que no causan el más mínimo efecto en ella. Hay que aceptar que la horizontalización total de las redes tiene sus efectos colaterales pero que no son el remedio ni la censura ni la resignación. El remedio es más libertad. Tanta libertad como para no gastar ni un segundo de energía en quienes no tienen ningún derecho a coartar la tuya. Tanta libertad, que el miedo por fin sea de los intolerantes.

Fuente: Web de Cristina Pérez - http://cristinaperez.cienradios.com/la-selfie-y-la-inquisicion-que-el-miedo-sea-de-los-intolerantes/

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