"Un golpe inesperado..."

Otras 15/02/2015
(BOX EN LA REGIÓN Y EN EL MUNDO - por Marcos Di Santo) - Hace 25 años, Buster Douglas conmovió al mundo en Tokio. Subió 42-1 abajo en las apuestas,...
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(BOX EN LA REGIÓN Y EN EL MUNDO - por Marcos Di Santo) - Hace 25 años, Buster Douglas conmovió al mundo en Tokio. Subió 42-1 abajo en las apuestas, fue al piso en el 8° y terminó noqueando en el 10° a Mike Tyson, para quitarle el cetro de los pesados.

Mike Tyson se comía a los chicos crudos. En 1986, a los 20 años, el neoyorquino se coronó como el campeón pesado más joven de la historia y en los siguientes tres años barrió a todos sus rivales. Iron Mike abría la temporada 1990 en febrero, defendiendo su corona unificada ante su compatriota James Douglas, en Tokio, como previa a un enfrentamiento con Evander Holyfield que generaría u$s 200 millones. Por la excursión japonesa embolsaría seis millones, mientras que Douglas (29-4-1-1 sd, 19 KO-3 PKO) ganaría 1.300.000, la mitad de lo que facturó Michael Jordan en toda la temporada 1989/90.

Pocos de los 40.000 espectadores en el Kurakuen de Tokio (pagaron entre u$s 25 y 800) y los centenares de millones de televidentes sabían lo que vivirían. La diferencia de categoría era tal que sólo el Hotel Mirage de Las Vegas, que quería organizar el choque de junio ante Holyfield, se animó y puso las apuestas 42-1, el margen más amplio de la historia.

Aquella tarde de domingo en la capital nipona, con sus habituales pantaloncitos negros, Tyson aparecía ceñido como de costumbre (pesó 100 kilos), pero rápidamente se vería que su cabeza no estaba en el ring. Venía de separarse de su esposa Robin Givens y de su antiguo manager Bill Cayton y el rumor de que había sido derribado por un sparring podía ser cierto. Los 105 kilos de Buster mostraban, más allá de una pancita disimulada por el pantaloncito blanco, una preparación a conciencia y escondían un difícil estado interno: su madre Lula Pearl murió 23 días antes y el frío le generó una gripe en la previa a subir al ring.

Al sonar la primera campana, Douglas hizo lo que los anteriores 37 rivales de Tyson no supieron o no pudieron: se le plantó con firmeza. Sacándole provecho a un picante jab de izquierda, el ex basquetbolista de secundaria exprimió los 30 cm de diferencia en el alcance y comenzó a tatuarle la cara a un campeón que no podía llegar al cuerpo a descargar los mazazos que durmieron a 33 rivales. Para el final del quinto asalto, su ojo izquierdo era una bola. En el rincón, Aaron Sowell y Jay Bright exhibieron su ineficiencia y luego de olvidarse la planchita de hierro, debieron armar una bolsa de hielo con un guante de látex.

Tyson era una sombra pero aún tenía una carta: sobre el final del octavo metió un upper derecho que derribó al retador, más sorprendido que conmovido. Buster le dio un puñetazo de frustración a la lona y tras seguir la lentísima cuenta del árbitro Octavio Meyrán se paró al oir el "nueve". La siguiente vuelta fue la mejor. Douglas aguantó las descargas desesperadas y contraatacó. Con cada descarga fue minando la resistencia del campeón, que terminó vacilante. En el décimo, el challenger pegó durante un minuto a voluntad. Entonces metió seis zurdas bobas, como tanteando a una bolsa, y clavó un ascendente de derecha que lo hizo saludar a Tyson. Erró dos ganchos y con un cross zurdo derribó al mito. Groggy, Iron Mike tanteó el piso buscando el bucal y se lo puso de costado mientras se paraba borracho. Tan pausado como antes, el mexicano Meyrán marcó el inexorable camino al out. El más grande batacazo de la historia era un hecho.

 

 

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